Campeonato mundial de "Luchador Callejero"

¿Somos lo que comemos?

            La alimentación es un proceso voluntario a través del cual elegimos los alimentos que vamos a ingerir, su combinación, cantidad y forma de cocción. A lo largo de los años y con la evolución de la humanidad, este procedimiento se transformó notablemente, y pasó a ser un suceso cultural, cargado de emociones, que representa unión, agasajos, un momento compartido con quienes más queremos. Sigue transformándose: hoy en día se habla y se trabaja sobre la alimentación vinculada con el goce y sin explotación animal o vegetal, en un intento de repensarla lejos de los parámetros sociales, estéticos y ambientales que siempre la definieron. En tiempos de crisis, refleja también la desigualdad social y se torna en un desafío que muchas personas enfrentan diariamente, con el fin de poder llevar un plato de comida a la mesa.

Si bien los tiempos - por suerte - cambiaron solemos ser las mujeres quienes, históricamente, llevamos adelante este reto, al que se le suman muchas variables de dificultad tales como las condiciones de salud que tengan lxs integrantes de la familia, las elecciones ideológicas que representan y, sobre todo, los recursos económicos que dispongan. La necesidad de alimentar en promedio a 3-4 personas, en más de una ocasión al día, con el dinero justo, hizo que las jefas de hogar de Argentina desarrollen una amplia capacidad para preparar las diferentes comidas de la jornada con lo que haya en la alacena, de forma abundante, rica y muy creativa, y esto se debe a los diferentes ciclos de crisis económicas y sociales que atravesó el país. 

Cristina tiene 53 años, y nació y creció en Quilmes, al sur del conurbano bonaerense. Entre sus múltiples trabajos y la crianza de sus dos hijxs, siempre estuvo presente la alimentación de su familia, “en ocasiones con más herramientas, en otras con pocas y en ocasiones con ninguna”, según nos contó. 


  • "Hay algo básico y es la organización al momento de pensar qué se va a cocinar ese día. Yo no tengo una forma de organizarme, tengo que ir a la cocina, abrir la heladera y ahí empiezo a crear - entre risas -. Mi hija siempre me dice, “mamá, te ayudo, voy preparando algo”, y le tengo que decir que no porque ni yo sé lo que voy a preparar. Pero algo siempre se me termina ocurriendo y escuchar después el agradecimiento y que me digan que está rico, es un lindo mimo. A veces no tengo ganas, no se me ocurre nada, y uso el comodín de fideos con tuco. Es agotador, más cuando no tenés un peso para variar y terminas usando harina para casi todo."

            El uso-abuso de ingredientes con alto contenido calórico, si bien más accesibles económicamente, deriva en problemas de salud vinculados a la alimentación tales como la obesidad, la hipertensión, la diabetes y las caries, entre otras. Argentina se ubica entre los cinco países del mundo que más cantidad de harina de trigo destinan al consumo humano (alrededor de 117.7 kg por persona por año). Por este motivo es tan importante promover la educación nutricional de forma articulada entre el Estado, las instituciones médicas, las escuelas y las organizaciones sociales (comedores, merenderos) junto con el fomento de realizar actividad física. 


  • "En las épocas más complicadas del país, después del 2001 sobre todo que a mi familia le afectó muchísimo, fue cuando más importancia le tuve que dar a la cocina y cuando más aprendí. Mi hija mayor era chiquita, y una noche literalmente no tenía nada más que medio kilo de papas. Ni un huevo, menos carne, nada. Junté fuerzas y le pedí a mi vecino un poco de aceite, y preparé puré con papas fritas. Mi hija se devoró esa cena, feliz, y me dijo que había sido la comida más rica de su vida. Me tuve que ir a la cocina a llorar porque fue muy fuerte. Siempre me acuerdo de ese momento y hoy, que capaz puedo darme el lujo de comprar más comida que en esos años, sigo haciéndolo con el mismo amor y humildad, porque sé lo difícil que es hacer malabares para llenar la mesa. Ni la mesa, los platos al menos."


            Con su historia y con sus platos, Cristina construyó toda una trayectoria de lucha, valentía, crecimiento y dedicación que pudo desempeñar en la cocina de su casa. Son aptitudes sumamente destacables, pero que reflejan la realidad del 76% de las mujeres argentinas, que se dedican a las tareas domésticas no remuneradas del hogar. Lejos de naturalizar esta situación, es importante que nos replanteemos el rol que la alimentación ocupa en nuestras vidas, en nuestras familias (sea como sea que estén conformadas), y en la sociedad en general. Debemos promover la comunicación sobre cómo comemos, qué comemos y cómo nos vinculamos con la comida. Hay muchas acciones que podemos implementar para generar cambios reales tales como armar huertas caseras, perderle el miedo al debate sobre las políticas nutricionales (sobre la política toda) que se plantean para el país, incentivar a les niñes a hacer ejercicio e incorporar la ingesta de frutas y verduras, entre muchas otras. Así podremos decir con menos pesar que sí, que somos lo que comemos.


Foto: Camila Granella Oliva






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